Transferencia

Transferencia
*Auspiciada por la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por Resolución Nº 728 CUDAP:EXPE-MGE:0004039/2011. A partir del 6 de Septiembre del 2011.

*Declarada de Interés Académico por el Honorable Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por contribuir al desarrollo de la producción cultural de la provincia. (Resolución CD FHCSyS Nº 143/2011), a partir del 23 de Agosto del 2011.

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Declarada
de Interés Educativo por el Instituto de Acción Cooperativa (Art. 1º; Resolución 406/2008 - Santiago del Estero, 18 de Julio de 2008), teniendo en cuenta la importancia que representa para el acervo cultural la difusión de conceptos y pensamientos del Psicoanálisis en la Cultura.

Acerca de la violencia en los usos políticos de la nominación (por Samuel Basz)

La generalización del N. del P.; el lugar del parletre predominando sobre el del sujeto del significante; y el acento puesto en la espesura preestructural de lalangue a expensas de la eficacia simbólica propia de la estructura lingüística, fundan la articulación entre el N. del P y la nominación. Esta articulación produce un cambio decisivo en la concepción de las psicosis, abre el camino de una clínica borromea y reestructura los fundamentos para una teoría del fin de análisis. También renueva la perspectiva psicoanalítica acerca de la política.
La necesidad lógica y clínica de vincular el N del P con la nominación se despliega en la enseñanza de Lacan en los Seminarios "R.S.I." y "Le Sinthome": el estatuto que le conviene al N del P es el del padre del nombre. A punto tal que puede mostrar en Joyce la función compensatoria del nombre propio, como apeló "a valorizar el nombre que le es propio a expensas del padre", "… que el nombre propio hace aquí todo lo que puede para hacerse más que el significante del amo"(1). Al mismo tiempo Lacan subraya que Joyce entreteje su vida con su obra, y que el modo de hacerse personaje de su escritura nombrándose por otros nombres, "apunta únicamente a una cosa, es a hacer entrar al nombre propio en la categoría del nombre común"(2). Precisamente esta dimensión coextensiva del nombre propio y del nombre común en relación con los avatares del Nombre del Padre pone en evidencia un vínculo entre un significante y una operación, la nominación, que en tanto acto rebasa la del nombre propio, y tiene como consecuencia hacer aparecer un vacío de descripción que agujerea al conjunto del sistema del lenguaje. Por ese agujero necesariamente se fuga el sentido; pero también gracias a ese agujero, y siempre sintomáticamente, esa fuga se puede detener.
En la perspectiva de su generalización, los N del P son las formas plurales de la eficacia del sgte. - en tanto semblante - en su función de sanción de significación.
La función de sanción ( consentimiento ó rechazo; admisión ó expulsión; permisividad ó prohibición) se establece en dos planos. Por un lado en la selección de elementos que se recortan de lalangue con lo que se determina su carácter discreto y se los implica en un discurso, y por el otro en el plano de la nominación propiamente dicha, incluyendo la regulación de los efectos de goce que suscita esta operación.
En el primer caso la función de valoración significativa remite a la experiencia del uso del semblante, es el fundamento del amor primordial al padre (el amor al padre es, entonces, el amor al sujeto supuesto saber nombrar). Es el fundamento de la transferencia que elucida la experiencia analítica y genera un tipo particular de autoridad, cuya incidencia es decisiva en la constitución y orientación de comunidades en las que el saber y el sujeto coexisten. Es la autoridad llamada epistémica por el lógico y matemático polaco Bochensky en su texto "Qué es autoridad".
Por otra parte, la producción y regulación de los efectos de goce remiten a la dimensión del acto, incluso a la experiencia del uso de la violencia, a la encarnación del poder de sanción más allá de los efectos de comunicación que asegura, aquí se establece el terreno de la nominación propiamente dicha, que implica una cierta vacilación del N del P como puro semblante; es el plano no tanto del amor sino del respeto, del temor, de la angustia, del temblor, y remite a la autoridad deontológica o de sanción en la reflexión de Bochensky. Es la autoridad privativa de la puesta en acto de la realidad sexual del inconciente, es cierre del inconciente y en ese punto este tipo de autoridad genera una transferencia que no es función del s.s.s.
Estos dos planos de la nominación permiten apreciar como el N. del P. interviene en la producción de los elementos discretos de la lengua a partir de los fenómenos de lalangue, como esta producción significante es acompañada con la producción de goce y que este goce es la condición material por la que los elementos significantes son incorporados a o excluídos de un discurso en tanto lazo social. Así entendida la función de nominación asegura la inteligibilidad por la pertenencia a un discurso y pone en evidencia que el sentido no es el resultado del juego ste.-significado, sino que depende de la eficacia del N del P en su función de inclusión nominante en el discurso del amo o del Inconciente. Por otra parte el sujeto es siempre responsable del consentimiento o del rechazo de las marcas que hacen posible el anudamiento del cuerpo al nombre, es siempre responsable de admitir o rechazar el acto del que depende su ex-sistencia como sujeto. La admisión de esas marcas constituye el umbral mínimo necesario para un psicoanálisis puro, en el que el amor al padre del nombre como significación última del nombre propio puede ser franqueada por una nominación nueva, constituyente del síntoma que resulta de ese análisis.

N.del P., nominación y política.
El Nombre del Padre definido como el padre del nombre, esclarece retroactivamente la caracterización lacaniana del inconciente como "lo inconciente, es la política".(Seminario "La lógica del fantasma" del 10-5-67) a condición de tener presente que el lazo social en que consiste cada uno de los discursos es función del discurso del Amo, que este último es completamente equivalente al del inconciente y que constituye la matriz de todo discurso estructurado como tal.
Nombrar, nominar, en el sentido de dar un nombre a alguien o a algo, constituye un acto en sentido estricto cuyo alcance se advierte con más claridad cuando se tratan de elucidar los modos de producción de efectos de sujeto a partir de los actos de nominación que incluyen y exceden los del nombre propio.
Esto desplaza el eje de la primera enseñanza de Lacan en donde el Nombre del Padre coloniza el lugar del Otro, lugar de donde procede la palabra. Lugar del Otro que contiene al N. del P. como ste. de la ley que ordena el régimen de la significación e interviene decisivamente en el uso posible del lenguaje en tanto estructura al servicio de la comunicación.
Cuando Lacan, en su última enseñanza, pone el acento en la función de nominación en su dimensión de acto, secundariza la relación al Otro en tanto Otro simbólico y subraya el anudamiento de la nominación con lo real. Nominar es establecer, en el sentido fuerte de instaurar, una relación entre el sentido y lo real. Es algo que excede completamente la idea de la comunicación que consiste más bien en entenderse con el Otro acerca de un sentido en común, gracias a la función que en su primera enseñanza tiene el Nombre del Padre al articular el significante y el significado en tanto punto de basta. Esto se compadece con la clásica función de nominación (decir lo que es, decir lo que hay), que está perfectamente situada en la lengua.
Pero cuando se trata de la nominación como acto Lacan ya se refiere al concepto de "lalengua" ( lalangue), que "cuestiona la evidencia de la comunicación" (3), pues lo que Lacan trae con lalengua es que lo que se dice sirve al goce, que ésta es su función propia "y no la comunicación" (4). En el acto de nominación se injerta o al menos se superpone en lo real algo que hace el sentido. En la última enseñanza de Lacan, el Nombre del Padre "asocia lo simbólico y lo real"(5). El Nombre del Padre "designa exactamente el efecto de lo simbólico en tanto que él aparece, que él aparecería en lo real"(6).
El Nombre del Padre es un operador político por excelencia precisamente por su carácter de agente de nominación.
Sabemos que la disputa del poder político es también una disputa por las significaciones de los significantes de dominio social.(7).

Nombre del Padre, nominación y violencia.
La nominación, captada en este sesgo, es la condición necesaria para operar no sólo en el régimen más o menos abstracto de las significaciones -"derecho", "humano", "justicia", "libertad", etc.- sino muy directamente en la instalación de ficciones jurídicas e ideológicas que son instrumentos de manipulación de los significantes amos "con los que se intenta atrapar al sujeto" (JAM en Cités 16. PUF, Paris 2003).
Una de las más nefastas realizaciones de esta operatoria nominalista tuvo lugar en la Argentina durante la última dictadura militar con el montaje de un sistema de apropiación de niños como parte del ejercicio del poder político que contaba, en el propio régimen administrativo, con discursos consagrados a fundamentar en un cinismo "altruísta" el ejercicio de la violencia para la apropiación de niños (8). La inducción identificatoria, que era su consecuencia inmediata, se constituyó en el intento nominalista masivo más tortuoso de nuestra historia reciente con el propósito de injertar, empezando por nuevos nombres propios, los significantes con los cuales desviar la causa y el recorrido del deseo progenitor, queriendo hacer anónimo un deseo que no lo fue.
Para eso fue necesario subsumir la voluntad de los apropiadores al designio de un amo cobarde. Cobardía que implicó mantener en un cerrado secreto sus oscuras voluntades, y que los incluye de hecho en una comunidad de goce anónimo(9).
La violencia es la realización, en el lazo social, del N. del P. como padre del nombre, entendiendo por realización el uso del N del P más allá de su condición de semblante, lo que implica anular del N. del P. esa condición. Se trata de una sustitución desviada de su función de semblante por su realización efectiva. Es una vía lógica para pensar la violencia en política.
Con estos mismos recursos podemos intentar una aproximación a lo que entendemos como democracia. Así, la democracia consiste en la construcción de las ficciones jurídicas que aseguren el trabajo de restitución permanente del uso social del N. del P. como semblante, perseverando en recuperarlo de las realizaciones a que lo somete la insistencia de la pulsión de muerte.
El robo de bebés en la última dictadura militar fue una forma particular de exterminio al decidir eliminar la dimensión subjetiva de la descendencia como tal. Una respuesta singular es el grupo llamado "Abuelas de Plaza de Mayo"* cuyo accionar se pone en cruz respecto de la captura de lo político tanto en el orden exclusivo de la apropiación (en el puro orden del tener, en el orden excluyente del significante fálico), como en la pretensión más trasnochada de la gestación significante del ser.
El 27 de febrero e 1957, en el Seminario 4 "La relación de Objeto", Lacan ubica la captación de lo político en el orden del significante fálico incluso en las sociedades matriarcales, y subraya que la condición biológica de la mujer no le impide regularse fálicamente, dice así: " En todos los casos, incluso en las sociedades matriarcales el poder es androcéntrico. Está representado por hombres y por linajes masculinos. Algunas anomalías muy extrañas en los intercambios, modificaciones excepciones, paradojas, que aparecen en las leyes del intercambio en el plano de las estructuras elementales del parentesco solo pueden explicarse en relación con una referencia que está fuera del juego del parentesco y corresponde al contexto político, es decir al orden del poder y muy precisamente al orden del significante, donde el cetro y el falo se confunden" (la cursiva es nuestra).
El amplio arco que despliega la enseñanza de Lacan desde esta formulación de 1957 hasta los años 70 permite captar las enormes consecuencias éticas, clínicas y políticas que tiene ese recorrido.
El acto político que es el acontecimiento "Abuelas" instruye respecto de algunas variantes del uso del N. del P. y la nominación. En primer lugar hay que consignar que cada una de estas mujeres tramita en soledad un duelo que no admite la serie. Soledad en la angustia más radical ( presencia absoluta de la ausencia por la inexistencia de restos mortales). Pero esa soledad es ocasión de un destino para el objeto de la angustia: su promoción a causa del deseo. Y se hace soledad no solitaria sino compartida para una acción.
En segundo lugar, esa acción es la perseverancia en los medios adecuados para interpelar al sujeto y que éste se vea enfrentado a una elección forzada en los términos en los que la plantea Lacan con el apólogo de "la bolsa o la vida": Que adviertan que no pueden elegir la ignorancia perezosa porque con ella se arruina el motor del deseo, causa de la vida subjetiva. Que deben elegir el trabajo que implica construir un saber sobre su verdad. Y que si apuestan a que su vida se oriente - en lo principal - por algo más allá de un ideal homeostático, no es lo peor que les puede pasar, ni a ellos ni a ningún hombre de bien. Más de setenta jóvenes han hecho esa apuesta lo que pone en evidencia que la elección forzada, si es inducida desde la lógica de la causa del deseo, no implica necesariamente el uso de la violencia como causa eficiente y renueva la perspectiva del uso político de la nominación.
Dos argumentos lacanianos fundan en razón el carácter de acontecimiento del accionar de Abuelas y permiten demostrar que se trata de un acto de invención política en la medida que:
a) construyeron las vías para elevar la angustia subjetiva a la dignidad de causa del deseo. Es la admisión del objeto causa del deseo sobre el fondo de un duelo, duelo cuyo trabajo está trabado por la desaparición violenta, en manos del terrorismo de estado, del objeto del deseo instalado por el amor y
b) instalaron en el interior del lazo social nuevas disyuntivas éticas, es decir alternativas inéditas de elección respecto de la nominación, en este caso particular en relación al nombre propio, que hacen a la construcción de la subjetividad de los que fueron en su momento bebés arrancados de su progenie.

Los callejones sin salida de la nominación científica en política.
Debemos considerar los alcances de una legislación que instale la obligatoriedad del examen de ADN para concluir por la vía probatoria la identidad genética.
La prueba del ADN, capaz de constatar la filiación en base a lo real definido desde la ciencia como herencia genética, si bien puede aportar exactitud respecto de la identidad civil, establece - si el sujeto mismo no es imputado por delito alguno y rechaza este medio- una vía de nominación que merece algunas consideraciones críticas.
La dimensión ética que supone "Abuelas" como acto es más compatible con la propuesta a los jóvenes de una elección forzada en la ética del deseo, que con un forzamiento en lo real del organismo. Forzamiento por el que se obtiene una verificación técnico científica que no hay que confundir con la verdad que conviene a lo que un sujeto - que por otra parte no es acusado de ningún crimen - está en condiciones de admitir como saber.
La prudencia psicoanalítica autoriza a detenerse allí donde no se pueden calcular los efectos de una nominación que resulte de la inyección de un saber de lo real de la ciencia en una trama subjetiva que no quiere saber.
Violentar ese no querer saber puede provocar desde una irrupción de angustia masiva hasta fenómenos de despersonalización muy profundos e irreversibles si ese rechazo a saber es un modo de suplencia de una falla simbólica, suplencia cuya conmoción puede desencadenar una catástrofe subjetiva.

Samuel Basz

* Las "Abuelas de Plaza de Mayo" constituyen un importante y activo grupo de madres de hijos desaparecidos cuyos nietos pequeños y principalmente bebés nacidos en cautiverio fueron secuestrados y entregados en adopciones ilegales. Una de las tareas fundamentales de "Abuelas" consiste en lograr la restitución de sus nietos.

(1) J. Lacan. Seminario "Le Sinthome" del 10 de febrero de 1976.
(2) Idem. anterior.
(3) Clase de J-A. Miller del 15-12-04.
(4) Idem. anterior.
(5) Idem. anterior.
(6) Idem anterior.
(7)Ver "La tragedia del lenguaje", pág. 95 y siguientes en el libro de Eduardo Rinesi "Política y tragedia", edit. Colihue, Buenos Aires 2003.
(8)Ver el informe " La apropiación de menores: entre hechos excepcionales y normalidades admitidas" de la antropóloga Carla Villalta leído en las Jornadas 2004 del Dto. de Filosofía y Psicoanálisis (ICBA).
(9)Ver en Ornicar? Digital 263 el texto de Samuel Basz "La reconquista de las marcas de honor".

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