Transferencia

Transferencia
*Auspiciada por la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por Resolución Nº 728 CUDAP:EXPE-MGE:0004039/2011. A partir del 6 de Septiembre del 2011.

*Declarada de Interés Académico por el Honorable Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por contribuir al desarrollo de la producción cultural de la provincia. (Resolución CD FHCSyS Nº 143/2011), a partir del 23 de Agosto del 2011.

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Declarada
de Interés Educativo por el Instituto de Acción Cooperativa (Art. 1º; Resolución 406/2008 - Santiago del Estero, 18 de Julio de 2008), teniendo en cuenta la importancia que representa para el acervo cultural la difusión de conceptos y pensamientos del Psicoanálisis en la Cultura.

Lo no siempre dicho. El juicio de un loco



En Francia, en la región de Lorena, en la prefectura de Vosgos se encuentra Épinal, está aún allí en funcionamiento la imaginería fundada por Jean-Charles Pellerín, en 1796. En principio se imprimían lo que hoy conocemos como historietas, entre otras cosas.
El mismo Jacques Lacan refiere que cuando niño leía una gran variedad de historias, entre ellas las que se publicaban en la imaginería de Epinal. Una de tales historias menciona en el Seminario 11 “Los cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis”, en el último capítulo “En ti más que tú”. Se trata de una fábula: “El juicio de un loco”.
En aquella clase del 24 de Junio de 1964, Lacan desarrollaba cuestiones en torno al deseo del analista y para ello se valió a modo de ejemplo de esta ingeniosa fábula para explicar el concepto que estaba desarrollando sin extenderse demasiado en la historia, solo lo necesario para la ocasión.
Le relatamos a continuación la fábula “El juicio de un loco”
“Había un pobre diablo parado frente al escaparate de una rosticería comía su pan olfateando el olor del quiso que de allí emanaba. El rotisero al darse cuenta de la situación quiso obligar a este pobre diablo a pagar el olor con que se deleitaba sin gasto alguno. Como era de esperarse, el pobre hombre se negó. Comenzaban a tirarse de los pelos cuando los vecinos los separaron, puesto que la pelea recomenzaba los convencieron por fin de acabar y que aceptaran el juicio de la primera persona que pasara por el lugar.
Ahora bien, el primero que pasó era un loco muy conocido en el barrio, llegaba como de costumbre, nariz parada, sonrisa en los labios, y pulgares en las sisas del chaleco. Cuando se enteró de lo que querían de él, el loco se subió sobre un barril y proclamó solemnemente. “El tribunal está constituido, comiencen, se los escucha.”
Una vez escuchadas las partes, el loco descendió de su asiento y le dijo al pobre hombre “Deme cinco centavos.”
En razón de esto, el rotisero que creía haber ganado se frotaba las manos, mientras el pobre diablo sacaba lastimosamente el dinero de su bolsillo. Pero entonces el loco, acercándose al dueño del establecimiento, que se preparaba a recibirlas, le mostró las cinco monedas, de frente y de perfil, diciendo: “Míralas bien, pero no las toques.”
Luego, cuando el rotisero, aturdido, hubo mirado bien, el loco concluyó: “Ahora que las has visto bien, el tribunal establece el fallo sin apelación. Este hombre ha respirado tu guiso -tu has visto su dinero- ya están en paz.”
Los espectadores aplaudieron el juicio. El dueño del establecimiento, vejado, entró en su cocina y el pobre reembolsó los cinco centavos que le devolvía el loco.
En ese intervalo, mientras la gente todavía estaba aplaudiendo, pasó el Rey. Intrigado, detuvo su caballo cerca del grupo y preguntó a los presentes que sucedía allí. Cuando le hubieron contado lo que acababa de suceder le dio una bolsa de monedas al loco diciéndole “Ojala tuviera muchos locos como tú entre mis jueces!”
Y al tiempo que se alejaba con esta reflexión, más calurosamente aplaudido aún que el mismo juicio, el loco ya contaba el dinero, y lo dividía en dos partes. Después de lo cual habiendo guardado una de las partes en su bolsillo puso la otra en su monedero y lo presentó al pobre hombre quien realmente no podía creer lo que le sucedía.
Habiendo colmado este último acto de generosidad, el entusiasmo provocado por tanta sabiduría inesperada, los dos héroes de esta aventura fueron triunfalmente aclamados.
Se preguntará usted, estimado lector, de qué manera se relacionan un mendigo, un rotisero, un loco y el deseo del analista....pues bien, se sorprenderá al encontrar cuánto hay en los relatos de la vida diaria, un material tan rico que puede enseñar no sólo al psicoanálisis.

Gabriela L. CéspedesLic. en Psicología
Miembro Asociado al Instituto Oscar Masotta
Miembro del Grupo Editorial de Revista Parlêtre.



Bibliografía:
Jacques Lacan: Seminario 11 “Los cuatro conceptos Fundamentales del Psicoanálisis” Ed. Paidós. 2001

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