Transferencia

Transferencia
*Auspiciada por la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por Resolución Nº 728 CUDAP:EXPE-MGE:0004039/2011. A partir del 6 de Septiembre del 2011.

*Declarada de Interés Académico por el Honorable Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por contribuir al desarrollo de la producción cultural de la provincia. (Resolución CD FHCSyS Nº 143/2011), a partir del 23 de Agosto del 2011.

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Declarada
de Interés Educativo por el Instituto de Acción Cooperativa (Art. 1º; Resolución 406/2008 - Santiago del Estero, 18 de Julio de 2008), teniendo en cuenta la importancia que representa para el acervo cultural la difusión de conceptos y pensamientos del Psicoanálisis en la Cultura.

El Otro engañado




La teoría traumática o la hipótesis de seducción.

La noción de trauma se encuentra en los orígenes del pensamiento freudiano ligado al tratamiento de los síntomas histéricos. Su importancia etiológica en las neurosis será puesta en primer plano hasta 1897, año en que Freud abandona la convicción absoluta en la determinación causal traumática. Es a partir de este desencanto que, se funda el edificio teórico propiamente psicoanalítico.
El trauma será “revelado” por las histéricas en un dispositivo preciso: el método hipnótico. La búsqueda de las motivaciones sintomáticas adquiere una dirección regresiva a etapas cada vez más tempranas de la vida del sujeto, donde Freud encuentra un denominador común: tanto en las neurosis traumáticas como en la histeria de angustia existe un acontecimiento traumático que determina el síndrome de repetición. Se trata siempre de uno o varios sucesos infantiles, accidentales, que tienen un efecto especial en el psiquismo: el sobresalto, el susto, la sorpresa.
De lo que se trata es de recuerdos saturados de afecto, dirá Freud, que al permanecer inconscientes no logran una adecuada descarga por la palabra o la motricidad y, actúan a modo de un cuerpo extraño. La rememoración tiene aquí un papel capital, es el fundamento de la acción traumática y la vía de su curación. Entonces no se trata de un suceso traumático, sino de su símbolo mnémico que actúa póstumamente, como si fuese un suceso presente. Entre el acontecimiento y el recuerdo media la pubertad quedando el trauma definido más bien por sus efectos retroactivos antes que por su acción violenta inmediata. Lo que hay que retener de este momento de la teoría traumática son los siguientes factores:
1)      el trauma es infantil, sexual, accidental y provocado por un agente exterior. 2) Los efectos patógenos están ligados al factor cuantitativo o desencadenamiento afectivo que el aparato psíquico no logra suprimir o asimilar por medio de la defensa normal. 3) Requiere de una bipartición temporal de donde se desprende la eficacia a posteriori de una memoria inconsciente.
El trauma tiene así precisión cronológica, resuelve la pregunta por la causa de la neurosis y remite a  un hecho real exterior. “Suceso funesto” describe Freud, confesado en la intimidad de la hipnosis, como el abuso sexual de un adulto, en todos los casos: el padre.
Freud se aferra a la “memoria fidedigna” de sus pacientes, se erige en testigo y garante de la exactitud de los hechos relatados: “Existe, (…) toda una serie de garantías de la realidad en las escenas sexuales infantiles” (Freud, 1896) Lacan ironiza la función de la rememoración biográfica, indicando su alcance y su límite: “¡Qué convincente era el proceso de la rememoración en las primeras histéricas! Pero lo que había en esa rememoración no se podía saber desde el principio: no se sabía que el deseo de la histérica era el deseo del padre, deseo que tiene que ser sostenido en su estatus.” (Lacan, 1964)
Este apoyo en el deseo del padre funciona en dos direcciones: en tanto Freud toma su lugar, las histéricas, en beneficio de su deseo de saber “rememoraran hasta la hez”; y por otro lado, el padre como seductor muestra la estructura histérica del deseo como deseo del Otro.
Bien, tenemos entonces una insistencia en Freud por demostrar, verificar la escena perversa.
Lo interesante es que de esta “primera mentira histérica” no se deduce que es el yo del paciente quien engaña al analista, sino que el inconsciente mismo puede ejercerse en el sentido del engaño. La joven homosexual es quien mejor enseñará a Freud este desafío.
En el futuro Freud se declara prudente con respecto a la función de la memoria, de modo tal que los recuerdos infantiles tomarán el estatus de recuerdos encubridores. En 1899, la sospecha en relación a los recuerdos conscientes ilumina el carácter defensivo de los mismos, todo recuerdo referido a la infancia es un efecto transaccional de dos fuerzas psíquicas opuestas, análogo a los síntomas neuróticos. Se concluye: la memoria, baluarte de las funciones del yo, posee un estatuto sintomático. Entonces, la amnesia infantil debe concebirse como un dato de estructura; Freud veía allí un tesoro a desenterrar, finalmente encuentra mucho más de lo que iba a buscar.

El naufragio de la etiología.

Con estas palabras expresa Freud un viraje teórico radical, tal es así que debe renunciar a una exigencia epistemológica fundamental: el apoyo en la realidad. Sin embargo, dice: “habremos de tener en cuenta este nuevo hecho de imaginación de escenas traumáticas, y conceder a la realidad psíquica un lugar al lado de la realidad práctica” (Freud, 1914) Este momento de rectificación de la teoría hace a la identidad del psicoanálisis, en tanto es necesario “abandonar la esperanza de resolver totalmente una neurosis y la de establecer con certeza su etiología en la infancia”. (Freud, 1914) Es decir, renunciar al furor curandis y, a una explicación causal universal válida para todos los sujetos.
 Michel Silvestre lee este pasaje de la teoría de la seducción a la teoría del fantasma como la introducción en psicoanálisis de la dimensión de la verdad.
De lo que se trata es de sopesar aquello que para el sujeto tiene valor de verdad y esto dependerá de su versión fantasmática. Cuando Freud habla de imaginación no se refiere a lo ilusorio, sino a un guión que como tal tiene estructura significante. En esta dirección nos guía Lacan al precisar que la verdad tiene estructura de ficción: “lo ficticio, en efecto, no es por esencia lo engañoso, sino, hablando estrictamente, lo que llamamos lo simbólico”. (Lacan, 1959)
La construcción de la primera tópica nos descubre la hechura significante del inconsciente, y al mismo tiempo vemos cómo, gradualmente, la noción de conflicto psíquico va a ocupar el lugar que antes ocupaba la noción de trauma. Esto implica que el sujeto no es ya víctima irresponsable de un otro acosador, sino que es responsable de aquello que soporta: la verdad de su deseo. Freud no vacila: somos responsables hasta del contenido de nuestros sueños. El síntoma neurótico responderá a una “hipocresía íntima”, intento de solución de compromiso frente al empuje de un Wunsch inextinguible. La fantasía de seducción será el modo de encubrir el autoerotismo infantil.
 Este movimiento fundacional del psicoanálisis, desde la etiología traumática a la noción de fantasía, constituye la inclusión de una dimensión ética, en la que el sujeto responde por su deseo en la trama del lenguaje.
Debemos retener, por último, el factor económico del trauma, su eficacia patógena reside allí, independientemente del contenido de la experiencia.
  Liberado el trauma de sus ropajes infantiles y novelados, queda reducido en el plano de la cantidad a una inercia pulsional que amenaza la homeostasis. Esta exigencia, inasimilable, que perturba francamente una regulación, es lo que Lacan va a definir como el encuentro con lo real. Encuentro que desencadena la angustia, único afecto que no tendrá por correlato un Otro engañado.

Bibliografía

Freud, S. (1895) Estudios sobre la Histeria. Tomo I. Obras Completas. Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1896) La Etiología de la Histeria. Tomo I. Obras Completas. Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1914) Historia del Movimiento Psicoanalítico. Tomo II. Obras Completas. Biblioteca Nueva.
Freud, S. (1916-1917) Lecciones Introductorias al Psicoanálisis. Parte III. La fijación al trauma. Lo Inconsciente. Tomo II. Obras Completas. Biblioteca Nueva.
Lacan, J. (1959-1960) El Seminario Libro 7 La Ética del Psicoanálisis. Ed. Paidós
Lacan, J. (1964) El Seminario Libro 11 Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Ed. Paidós.



Gisela Yuse.
Psicóloga. (UNT)
Miembro del Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Santiago del Estero
CePSI “Eva Perón”



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